Durante mucho tiempo la seguridad se ha basado casi exclusivamente en impedir: contraseñas más fuertes, permisos más restrictivos, firewalls más estrictos. Todo eso sigue siendo necesario, pero la experiencia ha demostrado algo clave: muchos incidentes no empiezan rompiendo nada, empiezan mirando.
Ahí es donde entran en juego los archivos señuelo.
No son una barrera. Son un sensor.
No bloquean. Avisan.
Y cuando están bien diseñados, avisan muy pronto.
🔍 Qué es realmente un archivo señuelo
Un archivo señuelo (o file honeypot) es un documento falso pero creíble, colocado de forma deliberada en un sistema. No contiene información real ni se usa en ningún proceso legítimo. Su única función es una: detectar accesos que no deberían ocurrir.
Si alguien lo abre, lo copia, lo cifra o simplemente lo inspecciona, el sistema lo registra. Y eso, en seguridad, es una señal muy valiosa.
🧠 Cómo actúan paso a paso (el recorrido completo)
Imagina un escenario realista.
Un usuario malintencionado, una cuenta comprometida o un malware consigue acceso a un equipo o a un recurso compartido. No sabe qué hay dentro, así que empieza con lo más básico: listar carpetas y archivos.
Busca patrones conocidos: finanzas, RRHH, backups, contratos, nóminas.
En esa exploración aparece el archivo señuelo.
El nombre parece legítimo. La ubicación tiene sentido. El formato es común. Nada chirría.
El atacante hace lo siguiente (basta con uno solo):
- lo abre
- lo copia
- lo mueve
- lo intenta modificar
- o, en el caso de ransomware, lo cifra automáticamente
En ese mismo instante ocurre lo importante: se genera un evento.
Un evento de lectura, apertura o modificación que queda registrado con:
- usuario
- equipo
- fecha y hora
- ruta exacta
- tipo de acceso
Tú no ves nada extraño en pantalla.
Pero el sistema ya sabe que alguien ha cruzado una línea invisible.
Ese aviso permite actuar antes de que el atacante avance hacia datos reales.
🎯 Por qué funcionan tan bien
Los archivos señuelo funcionan porque no atacan la tecnología, atacan el comportamiento.
Un usuario legítimo rara vez abre un archivo que no conoce.
Un proceso automático malicioso, en cambio, toca todo lo que parece valioso.
Además, no generan falsos positivos habituales:
si alguien accede a un señuelo, casi siempre hay un motivo para preocuparse.
🛠️ Cómo crear un archivo señuelo correctamente
Empieza por el nombre. Debe ser atractivo, realista y coherente con el entorno. Nombres con fechas, departamentos o palabras sensibles funcionan muy bien. No deben coincidir con documentos reales ni reutilizar nombres existentes.
El formato debe ser común y anodino: Word, Excel o PDF. No necesitan lógica interna ni macros. De hecho, cuanto más simples, mejor. El contenido debe ser falso, pero verosímil: tablas vacías, texto genérico, notas internas sin valor real.
Nunca incluyas datos reales. Nunca.
La ubicación es crítica. Un buen señuelo no se esconde. Se coloca donde alguien miraría de forma natural: la raíz de un recurso compartido, una carpeta “Finanzas”, un directorio “Backups” o junto a documentos auténticos.
👁️ La parte clave: escuchar cuando alguien lo toca
Un archivo señuelo sin detección es solo un archivo inútil.
En sistemas Windows, se activa la auditoría de acceso a objetos y se configura el archivo para registrar eventos de lectura y apertura. Cada intento queda reflejado en el visor de eventos con información detallada.
A partir de ahí, se puede ir más lejos:
un script que escriba en un log, un aviso por correo, una alerta centralizada o la integración con un SIEM o un EDR.
La idea no es asustar al usuario, sino saber que ha ocurrido.
🚀 Variante moderna: archivos con alerta incorporada
Existen señuelos que, al abrirse, generan una señal automática controlada (por ejemplo, un aviso externo). Son muy útiles como detección temprana, especialmente frente a ransomware o accesos no autorizados silenciosos.
No sustituyen la auditoría local, pero la complementan muy bien.
⚠️ Lo que un archivo señuelo no es
No es un antivirus.
No es un sistema de prevención.
No protege información real.
Un archivo señuelo detecta.
Y detectar a tiempo es una de las capacidades más infravaloradas en seguridad.
🧠 Una idea final para llevarse
La seguridad madura no confía solo en cerraduras cada vez más complejas.
Confía en sensores bien colocados.
Un archivo señuelo no molesta, no consume recursos y no interfiere en el trabajo diario.
Simplemente está ahí, en silencio, esperando.
Y cuando alguien hace lo que no debería…
te lo cuenta.








