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🤍 La Virgen Velada de Strazza, la Gioconda del mármol.

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Hay obras que se miran. Y hay otras que te miran a ti, aunque sus ojos estén cerrados.

La Virgen Velada de Giovanni Strazza es, para muchos, la Gioconda del mármol: no por su fama masiva, sino por el misterio que genera y la imposibilidad de explicarla del todo.

Tallada hacia 1850 en mármol de Carrara, la escultura no busca imponerse. Es un busto de dimensiones contenidas, pensado para la contemplación cercana. Esa proximidad es clave: cuanto más te acercas, más difícil resulta aceptar que el velo no es tela. El mármol debería ser rígido, opaco, definitivo… y sin embargo aquí parece leve, flexible, casi respirable.

El verdadero secreto no está en el velo, sino en cómo la luz dialoga con la piedra. Strazza entendió que el ojo no ve materia, sino contrastes. El rostro está pulido con extrema suavidad; el velo, ligeramente mate. Esa mínima diferencia hace que la luz se comporte de forma distinta y que el cerebro complete la ilusión. No hay transparencia real. Hay cálculo, paciencia y una comprensión profunda de cómo percibimos.

La técnica es tan precisa como arriesgada. Strazza esculpió primero el rostro completo y, solo después, comenzó a retirar mármol por encima de él, como si lo borrara lentamente. En algunas zonas el espesor del velo es de apenas unos milímetros. Un solo error habría destruido la obra. No hay añadidos, no hay correcciones: todo nace del mismo bloque.

Aunque fue creada en Italia, la obra se conserva hoy en St. John the Baptist Church. No está aislada en un museo hermético, sino integrada en un espacio vivo, donde la luz cambia a lo largo del día. Ese cambio transforma la escultura: el velo parece más denso o más etéreo según la hora. Es una obra que nunca se muestra igual.

Como ocurre con la Gioconda, existen muchas interpretaciones y malentendidos. Algunos creen que el velo es una pieza añadida; otros, que es un artificio posterior. Nada de eso es cierto. Y quizá lo más revelador es que Strazza no explotó este recurso en serie. No convirtió la proeza en espectáculo. La Virgen Velada no fue un truco, sino una culminación silenciosa.

Por eso conmueve. Porque no grita.
Porque no explica.
Porque no necesita impresionar.

Si la Gioconda guarda un secreto en la mirada,
la Virgen Velada lo guarda en el silencio.
No es mármol que parece tela.
Es mármol que parece alma.

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