Twitter Flickr Pinterest LinkedIn YouTube Google Maps E-mail RSS
formats

¿Qué haría Carl Sagan si dispusiera de inteligencia artificial?

Anuncios

Hay personas a las que uno vuelve una y otra vez cuando intenta entender el mundo. En mi caso, Carl Sagan es una de ellas.

Siempre he admirado su forma de mirar la ciencia, pero también su manera de mirar al ser humano. Tenía esa rara capacidad de hablar del universo sin hacernos sentir insignificantes y, al mismo tiempo, recordarnos lo pequeños que somos. Conseguía mezclar conocimiento, curiosidad, prudencia y asombro sin caer ni en el dogmatismo ni en la ingenuidad.

Por eso, cuando pienso en una transformación tan profunda como la inteligencia artificial, me resulta inevitable hacerme una pregunta: ¿qué haría Carl Sagan si hoy pudiera sentarse delante de una IA?

No creo que empezara preguntándole cómo ser más productivo, cómo automatizar tareas o cómo ahorrar unas horas de trabajo. Me lo imagino haciendo algo mucho más propio de él: preguntando por las estrellas.

Querría saber qué podemos descubrir ahora sobre los planetas que orbitan otras estrellas, qué condiciones hacen posible que aparezca la vida, cuántos mundos podrían albergarla o qué probabilidades existen de que alguna civilización haya recorrido antes que nosotros un camino parecido al que estamos empezando a recorrer.

Sagan nunca entendió la ciencia simplemente como una acumulación de datos. Para él era una forma de situarnos en el universo, de comprender nuestro lugar y, en cierto modo, de conocernos mejor a nosotros mismos.

Quizá por eso me sigue pareciendo una referencia tan válida décadas después.

A lo largo de la historia hemos creado herramientas que ampliaron nuestras capacidades. El telescopio amplió nuestra vista. El microscopio nos permitió descubrir mundos que no sabíamos que existían. Los ordenadores multiplicaron nuestra capacidad de cálculo.

La inteligencia artificial añade algo diferente. Empieza a participar en el propio proceso de analizar información, relacionar conceptos, descubrir patrones y generar posibles respuestas.

Para alguien como Sagan, disponer de una herramienta así habría sido extraordinario.

Podría haberla utilizado para analizar enormes cantidades de datos astronómicos, estudiar señales de radio, comparar atmósferas de exoplanetas, simular escenarios sobre el origen de la vida o encontrar relaciones que a una persona le llevarían años detectar.

Pero precisamente porque admiro su forma de pensar, estoy convencido de que tampoco habría sido uno de esos entusiastas que aceptan cualquier avance tecnológico sin hacerse preguntas incómodas.

Probablemente habría sido uno de los primeros en maravillarse con la IA y, al mismo tiempo, uno de los primeros en advertirnos de sus peligros.

Sagan dedicó buena parte de su vida a defender el pensamiento crítico. Sabía que los seres humanos tenemos una facilidad enorme para creer aquello que encaja con nuestras ideas, nuestros deseos o nuestros miedos.

La inteligencia artificial introduce aquí un problema especialmente interesante: puede dar una respuesta equivocada de una forma extraordinariamente convincente.

Estoy seguro de que Sagan insistiría en algo que hoy conviene recordar constantemente: una respuesta bien escrita no es necesariamente una respuesta verdadera. Ninguna tecnología nos libra de la obligación de comprobar, contrastar, dudar y pensar.

Y quizá ahí estaría una de las reflexiones que más me interesan de imaginar a través de él.

Tal vez Sagan no estaría tan preocupado por saber hasta dónde llegará la inteligencia artificial como por saber hasta dónde llegará nuestra capacidad para utilizarla con sensatez.

Porque existe una contradicción en nuestra especie que él explicó muchas veces.

Somos capaces de estudiar galaxias situadas a miles de millones de años luz y, al mismo tiempo, seguimos enfrentándonos por fronteras, ideologías, recursos o creencias. Hemos construido sondas capaces de abandonar el Sistema Solar y armas capaces de destruir ciudades enteras.

Nuestra capacidad tecnológica avanza a una velocidad impresionante. Nuestra madurez para utilizarla no siempre avanza al mismo ritmo.

Por eso creo que Sagan habría visto la inteligencia artificial no solo como una revolución tecnológica, sino también como otra prueba de madurez para nuestra civilización.

Puede ayudarnos a descubrir nuevos medicamentos, mejorar la educación, comprender mejor el clima, acelerar investigaciones científicas o explorar regiones del universo que todavía conocemos muy poco.

Pero la misma tecnología puede servir para manipular, engañar, vigilar o amplificar nuestros propios prejuicios.

La herramienta no decide por sí sola qué camino tomamos. Esa responsabilidad sigue siendo nuestra.

Y hay una última cuestión que seguramente habría fascinado especialmente a Sagan y que, personalmente, es la que más me atrae de esta reflexión.

Durante décadas miramos hacia el cielo preguntándonos si existían otras inteligencias en el universo. Sagan convirtió aquella pregunta en una de las grandes cuestiones científicas de nuestra época.

¿Estamos solos?

Todavía no conocemos la respuesta.

Pero resulta casi paradójico que, mientras seguimos buscando inteligencia entre las estrellas, hayamos empezado a construir aquí sistemas que nos obligan a preguntarnos qué significa realmente ser inteligente.

Quizá algún día encontremos vida bajo el hielo de una luna distante. Quizá detectemos una señal procedente de otra civilización. Tal vez una inteligencia artificial nos ayude precisamente a encontrarla.

Pero antes tendremos que aprender algo mucho más cercano: qué queremos hacer con las inteligencias que nosotros mismos estamos creando.

Esa es una de las razones por las que sigo volviendo a Carl Sagan cuando intento reflexionar sobre el futuro.

No porque tuviera respuestas para problemas que todavía no existían, sino porque tenía una forma de plantear las preguntas que sigue siendo tremendamente actual.

Me gusta imaginarlo hoy, mirando una pantalla llena de datos procedentes de algún telescopio, utilizando una inteligencia artificial para encontrar patrones imposibles de detectar a simple vista y levantando después la mirada hacia el cielo.

Seguramente seguiría sintiendo el mismo asombro.

Pero creo que también nos recordaría algo esencial: haber construido máquinas capaces de ayudarnos a pensar es un logro extraordinario.

Demostrar que somos suficientemente sabios para utilizarlas bien será un logro todavía mayor.

Anuncios
Home Sin categoría ¿Qué haría Carl Sagan si dispusiera de inteligencia artificial?
© www.palentino.es, desde el 2012 - Un Blog para compartir conocimientos ...

Uso de cookies en mi sitio palentino.es

Este sitio web utiliza cookies para que tengamos la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de la política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies