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La vanidad, el origen de la crisis.

Ayer estuve leyendo un post que realmente me hizo reflexionar. Merece la pena rescatarlo.

Os dejo esta reflexión donde  Antonio Ortega – @toniortega2804, expone el posible origen de la crisis por la que atravesamos.

Realmente coincido plenamente con lo que argumenta …

Y la reflexión …

«A estas alturas todos hemos escuchado las mil y una versiones de la causa de la actual crisis económicas. Se han vertido opiniones, se han señalado culpables, y hasta la fecha, parece que todo siga igual a pesar del cambio de gobierno.

Se han culpado a los banqueros, a los políticos, a los sindicatos, a los propios ciudadanos por aquello de vivir por encima de sus posibilidades, hasta llegarse a la conclusión de que el verdadero problema es que nos encontramos en una crisis de ética. Crisis de ética porque parece que nadie haya actuado con diligencia durante demasiado tiempo, y yo personalmente comulgo bastante con esta última teoría.

Cambiando parcialmente de tercio, recientemente ha salido a la palestra el “pentacampeón del tour de Francia” Lance Armstrong reconociendo que se dopó para acceder a tan brillante palmares. En consecuencia, estamos ante alguien que ha pasado de ser un ídolo para todo el planeta, a ser el perfecto ejemplo a no seguir, un tramposo, un perdedor, un farsante. ¿Y todo por qué?.

Por culpa de la vanidad.

Es exactamente el origen de todos los males, el peor enemigo del ser humano desde tiempos inmemoriales. Es la vanidad lo que empuja al ser humano hacia la perdición, la autodestrucción, y el caos.

Si por parte de los ciudadanos se ha accedido al crédito irresponsable, ha sido en la mayor medida por culpa de la vanidad, por acceder a un coche mejor, a una casa demasiado lujosa, o a un viaje de ensueño. Si los bancos han otorgado dichos créditos, ha sido por vanidad, por no quedar en segundo lugar frente a su competencia, que hacía también lo propio dando dinero a diestro y siniestro a pesar de ser perfectos conocedores del riesgo que entrañaban sus operaciones. Las calificadoras de riesgos también hicieron la vista gorda ante todo este cúmulo de despropósitos, al igual que hicieron los partidos políticos, que no satisfechos con tanta permisibilidad, aprovecharon la coyuntura para llenar sus bolsillos a manos llenas, tal y como se está pudiendo comprobar dados todos los casos que han salido a la luz en cuanto a corrupción política.

Es difícil enfrentarse a la vanidad, pues es un poderoso adversario. Es muy complicado renunciar a todas las mieles que nos puede proporcionar una vida mejor a pesar de los medios empleados para ello. Lo sabía bien J.R.R. Tolkien, que plasmó todos los males y desgracias que causa la vanidad en una guerra contra un simple anillo, que representaba todo lo dicho. Ni tan siquiera un ser noble como un hobbit pudo conseguir luchar contra la vanidad en última instancia, un ejemplo perfecto de lo complicado que enfrentarse a ella.

Aquí radica la lucha más difícil de todas, puesto que la lucha contra la vanidad es la lucha contra uno mismo. Uno debe ser capaz de renunciar a lo que más desea cuando sabe con certeza que los medios para obtenerlo no son ni lícitos ni éticos, y eso es algo para lo que todo el mundo no está ni dispuesto ni capacitado, o bien por debilidad, o bien por maldad.

Existió una época en la que hubieron hombres de honor. Cuando un juramento o un apretón de manos valían más que cien contratos firmados, cuando los hombres pensaban en que el fin no justifica los medios, y el honor valía más que el mayor de los tesoros. Normalmente, este tipo de personas acababan siempre consiguiendo todo lo que se proponía, puesto que la vida les devolvía todo cuanto habían aportado multiplicado varias veces. Se iniciaban cadenas de favores, que terminaban por revertir en el primer implicado, y la vida hacía que uno se reencontrase con gente y amigos que quedaron atrás y a los que un día, se les ayudó. Todos pagaron siempre con la misma moneda.

Hoy ya no quedan casi hombres de honor, y si quedan parece que estén muy lejos. Pero ahí reside el enigma de qué podemos hacer nosotros para ayudar a que la crisis se solucione. Conseguir vencer la vanidad, ayudando a quien sinceramente lo necesita, estando cerca de nuestros amigos, recuperando la ilusión por la propia vida, por las pequeñas cosas. Intentando ser mejor persona, mejor profesional, sin medias tintas, sin dobles caras, siendo sincero, honesto, proactivo y entregado. Apasionado en todas y cada una de nuestras empresas. Si hacemos lo correcto, probablemente no lleguemos a nuestras metas con tanta rapidez, pero tendremos la certeza absoluta de que un día las lograremos, y serán disfrutadas sabiendo que en el camino tan solo dejamos amigos y acciones que han ayudado a crecer personas y empresas. Y una victoria conseguida así no es una victoria, son muchas.

Porque ya lo decía Al Pacino en el final de la película Pactar con el Diablo: “La Vanidad, es sin duda mi pecado favorito”.

Referencia del Autor: Antonio Ortega.
http://f1n4nz4s.wordpress.com/2013/01/19/el-origen-de-todos-los-males-la-razon-de-la-crisis/

A todo esto yo agrego:

Ya lo decía Dante en su divina comedia, y queda establecido como el 7 pecado capital más grave.

Pride (vanity) — A desire to be important or attractive to others or excessive love of self (holding self out of proper position toward God or fellows; Dante’s definition was «love of self perverted to hatred and contempt for one’s neighbor»).

Ver enlace.

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