No dejes que nadie, ni siquiera la inteligencia artificial, te robe lo más humano que tienes: la pasión. La IA podrá programar, diseñar arquitecturas, optimizar procesos, diagnosticar enfermedades, calcular estructuras imposibles y responder en segundos lo que antes llevaba años aprender. Podrá parecer perfecta, eficiente, rápida. Pero hay algo que nunca podrá sentir: esa chispa que te hace levantarte con ganas de crear, de mejorar, de construir algo que aún no existe. La pasión no se descarga. No se entrena con datos. No se ejecuta en un servidor. La pasión es ese momento en el que te obsesionas con una idea y no puedes soltarla. Es cuando te emocionas al resolver un problema. Cuando te brillan los ojos explicando algo que amas. Cuando fallas y aun así vuelves a intentarlo. Es ilusión, es propósito, es sentido. La tecnología avanza, sí. Pero el motor del progreso siempre ha sido el corazón de las personas, no sus herramientas. La IA será una aliada poderosa. Mi consejo es que … No compitas con las máquinas en velocidad. Compite en curiosidad. No compitas en memoria. Compite en creatividad. No compitas en cálculo. Compite en ilusión. Ni siquiera compitas…,haz lo que creas. Porque el futuro no será de quienes sepan más, sino de quienes sientan más. Compañer@, No pierdas la pasión. Nunca.
🤍 La Virgen Velada de Strazza, la Gioconda del mármol.
Hay obras que se miran. Y hay otras que te miran a ti, aunque sus ojos estén cerrados. La Virgen Velada de Giovanni Strazza es, para muchos, la Gioconda del mármol: no por su fama masiva, sino por el misterio que genera y la imposibilidad de explicarla del todo. Tallada hacia 1850 en mármol de Carrara, la escultura no busca imponerse. Es un busto de dimensiones contenidas, pensado para la contemplación cercana. Esa proximidad es clave: cuanto más te acercas, más difícil resulta aceptar que el velo no es tela. El mármol debería ser rígido, opaco, definitivo… y sin embargo aquí parece leve, flexible, casi respirable. El verdadero secreto no está en el velo, sino en cómo la luz dialoga con la piedra. Strazza entendió que el ojo no ve materia, sino contrastes. El rostro está pulido con extrema suavidad; el velo, ligeramente mate. Esa mínima diferencia hace que la luz se comporte de forma distinta y que el cerebro complete la ilusión. No hay transparencia real. Hay cálculo, paciencia y una comprensión profunda de cómo percibimos. La técnica es tan precisa como arriesgada. Strazza esculpió primero el rostro completo y, solo después, comenzó a retirar mármol por encima de él, como si lo borrara lentamente. En algunas zonas el espesor del velo es de apenas unos milímetros. Un solo error habría destruido la obra. No hay añadidos, no hay correcciones: todo nace del mismo bloque. Aunque fue creada en Italia, la obra se conserva hoy en St. John the Baptist Church. No está aislada en un museo hermético, sino integrada en un espacio vivo, donde la luz cambia a lo largo del día. Ese cambio transforma la escultura: el velo parece más denso o más etéreo según la hora. Es una obra que nunca se muestra igual. Como ocurre
La gran belleza de saber mirar
A veces, en lugar de sentirte pequeño o incluso deprimido por no ser mejor, ocurre algo más honesto y liberador: te das cuenta de que deberías sentirte afortunado. Afortunado por estar rodeado de arte, de música, de cine, de talento y de personas con conocimiento. No por haber creado todo eso, sino por poder habitarlo. Por convivir con ideas, imágenes y melodías que otros imaginaron con verdad y que ahora te alcanzan. La belleza, muchas veces, no está en producir, sino en participar; en dejar que lo que otros hicieron te transforme en silencio. Pero su ausencia también existe, y es antagonista. Un lugar sin arte, sin música, sin pensamiento, sin personas que te reten o te inspiren puede convertirse en un infierno cotidiano. No grita ni golpea de inmediato, pero desgasta. La falta de belleza estrecha el mundo, vuelve pesado el tiempo y seca la curiosidad. Ahí comprendes que la belleza no es un adorno ni un capricho: es alimento. Es refugio. Es una forma de supervivencia. Y entonces aparece la gran belleza —como en la película 😉—: reconocer que hay gente más inteligente, más sensible o más creativa que tú… y agradecer estar cerca. Lejos de empequeñecerte, te coloca en tu sitio. Te recuerda que escuchar es tan valioso como hablar, y que crecer casi siempre empieza con la humildad. En esa idea resonaba Pau Donés cuando cantaba que depende, que todo es bonito. No porque todo sea fácil o justo, sino porque todo puede ser mirado con conciencia y gratitud. Y, por encima de todo, está la belleza más pura: la inocencia de un niño. Por ejemplo, cuando miro a mi hija: su risa sin cálculo, su felicidad sin motivo aparente, su capacidad de asombro ante lo pequeño. Un niño no necesita grandes discursos para ser feliz;
La sociedad helada.
Estas Navidades vi La sociedad de la nieve y, sin darme cuenta, me cambió el tono de las fiestas. No por tristeza, sino por verdad.De esa que no grita, pero se queda contigo en silencio. En la nieve no hay villancicos, ni mesas largas, ni promesas de año nuevo. Hay frío. Hambre. Ausencias. Y, aun así, hay algo que no se congela nunca: la necesidad del otro. Allí donde todo falla, donde el cuerpo se rinde y la mente duda, lo único que sostiene es saber que alguien más respira a tu lado. La película no habla de héroes. Habla de personas normales empujadas al límite, descubriendo que la esperanza no es optimismo, sino responsabilidad. Seguir adelante no por ti, sino por quien confía en ti. Compartir cuando no sobra nada. Cuidar incluso cuando ya no quedan fuerzas. Y entonces entiendes la Navidad de otra forma. No como un exceso, sino como un refugio. No como un calendario, sino como un gesto. Una llamada. Una silla que se acerca. Un “estoy aquí” dicho sin palabras. Quizá por eso emociona tanto: porque nos recuerda que lo importante no es lo que tenemos, sino a quién no soltamos cuando todo se complica.Que sobrevivir, a veces, es simplemente no dejar solo al de al lado. Estas fiestas, entre luces y ruido, La sociedad de la nieve nos susurra algo esencial:el verdadero calor humano no viene del fuego…viene de cuidarnos cuando todo lo demás se apaga. ❄️❤️
🌠 Fin de año tecnológico: cuando comprender importa más que adoptar
Cerramos el año con una evidencia que ya no se puede ignorar: la tecnología ha dejado de ser una herramienta para convertirse en un entorno. Ya no “la usamos”, vivimos dentro de ella. Sistemas, datos, automatismos e inteligencia artificial forman un ecosistema continuo que influye en cómo trabajamos, decidimos y pensamos. Este año no ha sido el de una sola innovación, sino el de la convergencIA.IA + datos + automatización + cloud + seguridad.No como piezas sueltas, sino como un sistema vivo, interconectado, complejo.
El desarrollo no desaparece: evoluciona y nos necesita más que nunca
Se repite mucho que el desarrollo, tal y como lo entendemos, está condenado a desaparecer. Sin embargo, la realidad apunta justo a lo contrario: nunca ha sido tan necesario, y además exige perfiles cada vez más expertos en cada lenguaje y en cada tecnología concreta. La historia lo deja claro.Empezamos con tarjetas perforadas, pasamos por el ensamblador, COBOL, Visual Basic y las primeras interfaces gráficas.Llegaron la web, la programación orientada a objetos, .NET y los frameworks.Después el cloud, los microservicios y el low-code.Hoy, el foco está en la IA generativa. En cada etapa se prometía lo mismo:➡️ escribir menos código➡️ trabajar a un nivel más abstracto➡️ ganar productividad ¿El resultado real?Más sistemas, más capas, más complejidad… y una necesidad creciente de profesionales que sepan realmente lo que hacen. Porque al final, detrás de cada tecnología hay decisiones, responsabilidad y conocimiento.Las herramientas cambian, los lenguajes evolucionan, pero la pasión por construir, entender y crear buen software sigue siendo humana.Y eso, pase lo que pase, no se automatiza. Feliz 2026
Cuando hay muchos capitanes y pocos marineros …
Cuando hay muchos capitanes y pocos marineros, el barco pasa más tiempo debatiendo el rumbo que avanzando. Las reuniones se llenan de ideas, matices y advertencias… pero nadie baja a la sala de máquinas. Se teoriza, se opina, se revisa lo que podría pasar. Y mientras tanto, el mar sigue moviéndose. El problema no es pensar —pensar es necesario—, sino confundir pensar con hacer.Porque llega el momento final, cuando el reloj aprieta y alguien dice: “Bueno, hazlo.”Y ese “hazlo” suele caer sobre quien menos ha hablado… pero más sabe remar. Ahí se revela la paradoja:muchas voces para decidir, pocas manos para ejecutar.Mucho liderazgo de pizarra, poco liderazgo de mono azul. Los proyectos no fracasan por falta de ideas, sino por falta de marineros con permiso para actuar.Un buen capitán no es el que más habla del rumbo, sino el que se asegura de que alguien esté moviendo los remos mientras se decide. Porque ningún barco llega a puerto solo con mapas.Hace falta alguien que navegue.
🌸 Hiroshima: cuando la historia duele… y enseña 🌸
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, hace exactamente 80 años en este preciso instante de la publicación, justo ahora, una bomba de uranio llamada Little Boy explotó sobre la ciudad. En segundos, 140.000 vidas desaparecieron. Pero lo que más duele no es solo la cifra, sino los rostros, las historias, los sueños truncados. Hay lugares que marcan un antes y un después en la historia de la humanidad. Hiroshima es uno de ellos. Al publicar este mensaje, quiero recordar no solo el momento, sino también las lecciones que aún debemos aprender. 🧠 ¿Por qué Hiroshima? Muchos no saben que Hiroshima fue seleccionada no por ser un objetivo militar clave, sino por otras razones más frías: tenía una gran superficie urbana, pocos daños por bombardeos anteriores (para poder medir con precisión los efectos) y no tenía prisioneros de guerra aliados. Fue elegida para maximizar el impacto “demostrativo” de la bomba. Detrás de esa decisión, hay un debate ético que aún hoy genera controversia. 🩺 El monumento a los médicos y enfermeras Pocos recuerdan que, tras la explosión, los sanitarios sobrevivientes acudieron a socorrer a miles de heridos. Muchos murieron días o semanas después por la exposición a la radiación, sabiendo que estaban sacrificando sus vidas. Sus nombres están grabados en piedra, como recordatorio de que incluso en el infierno hay quienes eligen ayudar. 👧 Sadako y las mil grullas de papel Sadako tenía solo 2 años cuando cayó la bomba. A los 12, enfermó de leucemia. Inspirada por una leyenda japonesa que dice que quien pliegue mil grullas de papel verá concedido su deseo, intentó salvar su vida doblando una a una. Murió antes de terminar. Hoy, su estatua en el Parque de la Paz, con una grulla en alto, es uno de los monumentos
🌞💧 En plena ola de calor… no dejo de pensar en Cantando bajo la lluvia.
Sí, lo sé: 42 grados fuera, asfalto que quema y ventiladores a tope. Y, sin embargo, mi mente viaja a esa escena mítica de Gene Kelly bailando empapado, feliz, en mitad de una tormenta artificial. Qué paradoja: mientras nosotros buscamos desesperadamente la sombra, él celebraba la lluvia como si fuera un regalo. Y quizás lo era. Ver esa escena emociona, refresca… y sigue siendo, sin duda, una de las mejores secuencias de baile en la historia del cine. No solo por la técnica, sino por la alegría auténtica que transmite. Porque no baila para lucirse. Baila porque no puede evitarlo. Esa escena siempre me ha parecido mucho más que una coreografía perfecta. Es una lección de vida: hay momentos en que mojarse es inevitable… Transformar la incomodidad en belleza. El contratiempo en expresión. La lluvia en música. El suelo resbala, el traje se pega, el cuerpo pesa… pero él baila. Y sonríe. Como si la lluvia no fuera obstáculo, sino aliada. Que nunca falte el valor de encontrar belleza en lo inesperado. Y si toca bailar bajo la lluvia, que sea con toda el alma. Y si estás de vacaciones o a punto de tomártelas… que el descanso te encuentre con ganas de moverte, aunque sea bajo el sol, con ritmo propio, y sabiendo que cada pausa también es parte del baile.
✨ Autopista hacia el cielo: más que una serie, un abrazo al alma.
No, no escribo sobre Stranger Things. En una época donde las pantallas eran más pequeñas, el tiempo parecía ir más despacio y los mensajes no se medían en likes, hubo una serie que nos hablaba directo al corazón: Highway to Heaven. En cada episodio, sin artificios, sin prisas y sin estridencias, nos invitaba a reflexionar sobre lo verdaderamente importante: la compasión, el perdón, la fe, el amor incondicional. Era televisión, sí, pero también era una especie de sermón silencioso, una lección de humanidad disfrazada de ficción. Michael Landon, con esa mirada serena y esa voz que parecía entender el dolor ajeno, interpretaba a Jonathan, un ángel en la Tierra que no resolvía los problemas con milagros, sino con empatía, con presencia, con actos sencillos que transformaban vidas. Nos enseñaba que a veces el cielo no está tan lejos, que se manifiesta en los detalles, en lo cotidiano, en estar cuando nadie más está. Llevo escribiendo desde 2010, cuando tener un blog era como tener una ventana al alma. Años antes de que la inteligencia artificial, los algoritmos de redes sociales y la automatización dominaran la conversación digital. Antes de que muchos descubrieran lo que significaba dejar una huella en internet, yo ya estaba ahí, tejiendo palabras, buscando sentido, compartiendo historias, las mias o alguna interesante. Autopista hacia el cielo me marcó porque me recordó —y aún me recuerda— que escribir con alma también es un acto de servicio. Una forma de acompañar. De tender puentes invisibles entre quien escribe y quien necesita leer justo eso, en ese preciso instante, justo ahora.
🧠 La caminata que sanó una herida invisible 📍 Y cómo una observación cotidiana cambió la psicología para siempre.
En 1987, la psicóloga no estaba buscando cambiar el mundo. Solo necesitaba despejar su mente. Aquel día salió a caminar por un parque, arrastrando pensamientos pesados, recuerdos que le dolían, emociones que no podía clasificar del todo. Mientras paseaba, notó algo extraño. A medida que sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro, siguiendo el movimiento natural del entorno —las ramas, los transeúntes, la vida—, sus emociones parecían… calmarse. No desaparecían. Pero algo dentro de ella empezaba a colocarse en otro sitio. Como si su cerebro estuviera reescribiendo el significado del dolor. Francine, lejos de ignorarlo, hizo lo que solo hacen los valientes: se detuvo a escuchar lo que no entendía. Y comenzó a investigar.Primero con ella misma. Luego con pacientes reales. Les pedía que recordaran un trauma… Mientras movían los ojos, siguiendo sus dedos, en un movimiento lateral suave y constante. Y el efecto era tan repetible como sorprendente:Los recuerdos seguían ahí. Pero ya no dolían igual. Así nació el EMDR, un método de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Una técnica revolucionaria que hoy usan psicólogos de todo el mundo para tratar: Trastornos por trauma, ansiedad, duelos, abusos, miedos, experiencias extremas como guerras, catástrofes, pérdidas… Y todo empezó con una caminata. Esta historia me conmueve profundamente. Porque no nació en un laboratorio. Ni fue patrocinada por grandes empresas. Nació del cuerpo, del movimiento, del silencio, y de una mente dispuesta a mirar lo invisible. Francine no buscaba reconocimiento. Solo quería entender lo que estaba sintiendo. Y al hacerlo, creó una herramienta que ha ayudado a millones de personas a recuperar la paz. A veces pienso cuántas ideas brillantes se pierden por no hacerles caso. Cuántas veces lo extraordinario se esconde en lo cotidiano. En una caminata. En una pregunta. En una intuición que ignoramos porque “no
Si trabajas en tecnología, deja de hablar solo de tecnología.
Durante años, en el sector informático hemos caído una y otra vez en lo mismo: hablar desde el producto, no desde el lector.Hablamos de frameworks, APIs, ancho de banda, bases de datos…Pero rara vez nos detenemos a pensar cómo suena eso para quien lo lee. Y no me refiero a clientes. Me refiero a cualquier lector: un usuario, un decisor, un compañero de otro departamento o alguien que simplemente quiere entender si lo que hacemos le sirve para algo.
Infierno Blanco – Resiliencia, liderazgo y la batalla contra la adversidad en los posibles finales #thegrey
The Grey: Resiliencia, Liderazgo y la Batalla contra la Adversidad La película The Grey (2011), dirigida por Joe Carnahan y protagonizada por Liam Neeson, no es solo una historia de acción y supervivencia, sino una profunda metáfora sobre el liderazgo, la gestión de la adversidad y la valentía ante lo desconocido. En ella, los personajes enfrentan tanto desafíos externos como sus propios temores, lo que nos invita a reflexionar: ¿cómo respondemos cuando todo parece estar en nuestra contra? El contexto de The Grey Ottway, el protagonista, es un hombre marcado por la pérdida que, tras un accidente aéreo en Alaska, se convierte en el líder de un grupo de supervivientes. En este entorno helado y hostil, el verdadero desafío no es solo la naturaleza implacable, sino mantener la moral y tomar decisiones críticas bajo presión. Advertencia de spoilers …








